Padre, perdóneme porque he pecado.

Padre, perdóneme porque he pecado.

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Aquí estoy yo, esperando mi turno en una cola que parece interminable. Tengo 17 años. Soy morenita, tanto de piel como de cabello. Mi cuerpo es todo en curvas, no como el de esas chicas esqueléticas que tanto están de moda ahora. Buenas tetas, grandes y erguidas, con un par de pezones rosaditos que sólo con el roce de mi camiseta se ponen bien duritos. Mi culito es pequeñito, firme y respingón, una delicia cuando me pongo unos vaqueros ajustados de talle bajo. Hoy es fiesta en el pueblo y dentro de una horita he quedado con Juan. Juan es mi novio y el chico por el que en estos momentos me encuentro aquí. Estoy arregladita ya que no me dará tiempo de volver a casa y prepararme, si quiero llegar a la hora a mi cita. Tengo una faldita corta de color negro y un top rojo pegado al cuerpo, que deja a la vista el ombligo y gran parte de la espalda. Para terminar, una tanguita roja, como a Juan le gustan, de esas que parezco toda una furcia y unas sandalias. Mi cabello es largo y rizado, lo llevo suelto, noto como me acaricia la espalda a cada movimiento.

Ya me toca, la próxima soy yo. No sé por donde empezar y mi corazón empieza a latir con fuerza. Todo el mundo puede ver como mis tetas suben y bajan al ritmo de mi respiración agitada. Ya…respiro hondo y me avanzo… cierro la puerta tras de mí y me siento al lado de un hombre maduro todo de negro vestido. El padre Antonio. El lugar en el que me encuentro es la sacristía, lugar donde recibe para la confesión, por falta de confesionario en la iglesia.

-Ave Maria Purísima

-Sin pecado concebida. ¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas hija?

-Pues no puedo decirlo con seguridad padre, un par de meses diría yo.

-Bien, pues tú dirás que faltas tienes.

-Vera padre….ummmm….no se como decirlo….perdóneme, Padre porque he pecado….

-No tengas miedo. Estoy aquí para escucharte y perdonarte en el nombre de Dios nuestro Señor.

-Lo se…bueno…pues…. (Bajando mi vista) Padre ya no soy virgen y pura. Ayer en el pajar de mi abuela, mi novio me tomó como a una perra. No se como sucedió. Estábamos hablando tranquilamente como tantas otras veces. Su mano empezó a acariciar mis muslos mientras sus ricos labios se acercaron a los míos. Nos besamos, primero despacito. A medida que su mano iba subiendo hacia mis tetas sus besos se hacían más profundos, explorando a fondo mi boca.

-Hija, yo no creo que….

-Déjeme acabar Padre, no podré estar tranquila hasta lavar mis pecados. Bueno así estuvimos largo rato, hasta que terminamos tumbados sobre la paja. No dejaba de besarme, notaba como con manos expertas iban saltando uno a uno los botones de mi camisa. Tras esto sacó mis grandes tetas por encima del sujetador…Así padre… (Me saqué las tetazas por el escote, dejándolas a la vista) Padre en esos momentos no era yo, era toda lujuria, deseo, pasión. Cuando con sus dedos acarició, pellizco mis pezoncitos…ohhhh…. (Se me había escapado un gemido ya que yo misma me los estaba apretando, poniéndolos bien duritos) ¡No le digo cuando cambió los dedos por la lengua! Bajó mis pantalones y mis braguitas de un solo golpe. Separó mis piernas y hundió su cara entre ellas. ¡Ahí creí morirme de gusto! Su lengua se movía magistralmente, acariciando mi coño mojado de perra caliente….Eso dijo él. Cada vez que rozaba mi botoncito….ohhhhh…. (Otro gemido, ya que me estaba dando dedo, con la falda subida por la cintura, la tanga echada a un lado y una pierna subida en el banco que nos servía de asiento) Entonces se colocó sobre mí, tras haberse desnudado totalmente. Entreví su sexo, nunca había visto uno y me pareció de un tamaño desomunal, encima lo notaba bien duro en la entrada de mi sexo. Tras decirme… « Prepárate perra que la vas a sentir hasta los mismos huevos »….Me la metió con fuerza en mi coñito virgen. ¡Como grité Padre! Un profundo dolor invadió mis entrañas. Mi novio se quedó así, quietecillo, hasta que muy lentamente comenzó con un mete saca, suavecito. Mi cuerpo pronto se acostumbró a esa inesperada invasión y como se imagina no tardó en acompañar los movimientos de él….ummm…ohhhh… (Dos dedos entraban y salían de mi coño, mientras con la otra mano sobaba y pellizcaba mis tetas ante la mirada atónita del pobre cura) Me comía la boca apagando así nuestros gemidos, las manos no paraban de amasar mis grandes tetas y su ritmo era cada vez más rápido. Terminamos gritando y resoplando como perros en celo. Nuestros cuerpos sudados unidos. Nos costaba respirar y sentía los latidos de su corazón golpeando mi pecho. Padre…….ummm…ohhhhhhhhh…. ¡me corro! Ummm

-Hija mía, lo que me acabas de contar….

-Perdóneme Padre, he quedado con mi novio. Me prometió tratarme como lo que soy, una perra y voy a llegar tarde. Otro día me pondrá la penitencia.

Sin darle tiempo a nada, me levanto y acomodándome la ropa rápido, salgo corriendo para encontrarme con mi querido Juan.

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