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Padre, perdóneme porque he pecado.

Jeudi 18 octobre 2007

Padre, perdóneme porque he pecado.

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Aquí estoy yo, esperando mi turno en una cola que parece interminable. Tengo 17 años. Soy morenita, tanto de piel como de cabello. Mi cuerpo es todo en curvas, no como el de esas chicas esqueléticas que tanto están de moda ahora. Buenas tetas, grandes y erguidas, con un par de pezones rosaditos que sólo con el roce de mi camiseta se ponen bien duritos. Mi culito es pequeñito, firme y respingón, una delicia cuando me pongo unos vaqueros ajustados de talle bajo. Hoy es fiesta en el pueblo y dentro de una horita he quedado con Juan. Juan es mi novio y el chico por el que en estos momentos me encuentro aquí. Estoy arregladita ya que no me dará tiempo de volver a casa y prepararme, si quiero llegar a la hora a mi cita. Tengo una faldita corta de color negro y un top rojo pegado al cuerpo, que deja a la vista el ombligo y gran parte de la espalda. Para terminar, una tanguita roja, como a Juan le gustan, de esas que parezco toda una furcia y unas sandalias. Mi cabello es largo y rizado, lo llevo suelto, noto como me acaricia la espalda a cada movimiento.

Ya me toca, la próxima soy yo. No sé por donde empezar y mi corazón empieza a latir con fuerza. Todo el mundo puede ver como mis tetas suben y bajan al ritmo de mi respiración agitada. Ya…respiro hondo y me avanzo… cierro la puerta tras de mí y me siento al lado de un hombre maduro todo de negro vestido. El padre Antonio. El lugar en el que me encuentro es la sacristía, lugar donde recibe para la confesión, por falta de confesionario en la iglesia.

-Ave Maria Purísima

-Sin pecado concebida. ¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas hija?

-Pues no puedo decirlo con seguridad padre, un par de meses diría yo.

-Bien, pues tú dirás que faltas tienes.

-Vera padre….ummmm….no se como decirlo….perdóneme, Padre porque he pecado….

-No tengas miedo. Estoy aquí para escucharte y perdonarte en el nombre de Dios nuestro Señor.

-Lo se…bueno…pues…. (Bajando mi vista) Padre ya no soy virgen y pura. Ayer en el pajar de mi abuela, mi novio me tomó como a una perra. No se como sucedió. Estábamos hablando tranquilamente como tantas otras veces. Su mano empezó a acariciar mis muslos mientras sus ricos labios se acercaron a los míos. Nos besamos, primero despacito. A medida que su mano iba subiendo hacia mis tetas sus besos se hacían más profundos, explorando a fondo mi boca.

-Hija, yo no creo que….

-Déjeme acabar Padre, no podré estar tranquila hasta lavar mis pecados. Bueno así estuvimos largo rato, hasta que terminamos tumbados sobre la paja. No dejaba de besarme, notaba como con manos expertas iban saltando uno a uno los botones de mi camisa. Tras esto sacó mis grandes tetas por encima del sujetador…Así padre… (Me saqué las tetazas por el escote, dejándolas a la vista) Padre en esos momentos no era yo, era toda lujuria, deseo, pasión. Cuando con sus dedos acarició, pellizco mis pezoncitos…ohhhh…. (Se me había escapado un gemido ya que yo misma me los estaba apretando, poniéndolos bien duritos) ¡No le digo cuando cambió los dedos por la lengua! Bajó mis pantalones y mis braguitas de un solo golpe. Separó mis piernas y hundió su cara entre ellas. ¡Ahí creí morirme de gusto! Su lengua se movía magistralmente, acariciando mi coño mojado de perra caliente….Eso dijo él. Cada vez que rozaba mi botoncito….ohhhhh…. (Otro gemido, ya que me estaba dando dedo, con la falda subida por la cintura, la tanga echada a un lado y una pierna subida en el banco que nos servía de asiento) Entonces se colocó sobre mí, tras haberse desnudado totalmente. Entreví su sexo, nunca había visto uno y me pareció de un tamaño desomunal, encima lo notaba bien duro en la entrada de mi sexo. Tras decirme… « Prepárate perra que la vas a sentir hasta los mismos huevos »….Me la metió con fuerza en mi coñito virgen. ¡Como grité Padre! Un profundo dolor invadió mis entrañas. Mi novio se quedó así, quietecillo, hasta que muy lentamente comenzó con un mete saca, suavecito. Mi cuerpo pronto se acostumbró a esa inesperada invasión y como se imagina no tardó en acompañar los movimientos de él….ummm…ohhhh… (Dos dedos entraban y salían de mi coño, mientras con la otra mano sobaba y pellizcaba mis tetas ante la mirada atónita del pobre cura) Me comía la boca apagando así nuestros gemidos, las manos no paraban de amasar mis grandes tetas y su ritmo era cada vez más rápido. Terminamos gritando y resoplando como perros en celo. Nuestros cuerpos sudados unidos. Nos costaba respirar y sentía los latidos de su corazón golpeando mi pecho. Padre…….ummm…ohhhhhhhhh…. ¡me corro! Ummm

-Hija mía, lo que me acabas de contar….

-Perdóneme Padre, he quedado con mi novio. Me prometió tratarme como lo que soy, una perra y voy a llegar tarde. Otro día me pondrá la penitencia.

Sin darle tiempo a nada, me levanto y acomodándome la ropa rápido, salgo corriendo para encontrarme con mi querido Juan.

Primera vez

Jeudi 18 octobre 2007

Primera vez

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Siento los latidos de su corazón, como ese cuerpo inerte entre mis brazos, deja escapar los últimos soplos de vida. Es bella, muy bella. Paso mi mano por su pálido rostro, mientras mis labios succionan el dulce néctar que corre por sus venas. Vino a mí tan sumisa, con una total entrega. Y si fuera ella……. Ella la que durante estos años esperé. Nunca he sentido nada igual, este deseo, esta excitación por ninguna otra de mis presas. Y si fuera ella, me pregunto una y otra vez mientras su vida, lentamente abandona su cuerpo…….

No tengo fuerzas para moverme, me duele todo el cuerpo, mi cabeza esta a punto de estallar. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy tan hecha polvo? El Conde, recuerdo que acudí a su cita, dejando todo atrás. Nada es más importante que la atracción que siento hacia él. Recuerdo sus brazos fuertes y protectores rodeándome con delicadeza. Sus manos acariciando mi piel suavemente. Sus dulces labios devorándome salvajemente. ¿Todavía estoy en su mansión? Intento moverme pero a penas si logro realizar un pequeño movimiento. Mis músculos se niegan a obedecerme. Entreabro uno de mis párpados y me doy cuenta de que estoy en la más completa oscuridad. Cierro de nuevo los ojos y dejo que esa oscuridad, ese silencio me invada. Miles de sensaciones acuden a mí, despertando mis sentidos endormidos. Mi piel se eriza, con la tierna caricia de unas manos impúdicas, que suben por mis piernas lentamente. Acarician mi vientre, mientras mis pezones, se despiertan con el roce de una húmeda lengua, de unos labios golosos. Pongo la mano sobre una suave cabellera mientras sobre mis labios se dibuja una sonrisa. El Conde, estoy segura que es él. Abro los ojos y ahí están los suyos, negros como las profundidades de una noche sin luna. Con la punta de su lengua humedece mis sedientos labios, mientras sus dedos se mojan en los abundantes jugos de mi sexo.

-Buenas noches, bella durmiente. ¿Como te sientes?

-Cansada, sin fuerzas, pero feliz ya que estoy contigo, eso es más que suficiente para sentirme bien.

-No te preocupes, en un momento estarás mejor, mi dulce princesa. Ahora ven, tengo una sorpresa para ti.

Intento acompañarlo en el movimiento y levantarme, pero es imposible. Mi cuerpo no me responde y a penas si puedo arquear un poco mi espalda.

-Yo te ayudo, mi reina.

Me agarra entre sus brazos, como si mi cuerpo no pesara más que una pluma ligera y se dirige a grandes pasos hacia la puerta. Pego mi cuerpo al suyo. Apoyo la cabeza sobre su hombro y me acerco a su cuello, que lamo lascivamente. Un olor a hombre me invade, al tiempo que golosamente mordisqueo el lóbulo de su oreja.

-Ummm, fuerte…mas fuerte….mas….

Sin darme cuenta, mis dientes se clavan con fuerza en esa tierna piel que se ofrece a mí. Llega a mi paladar un rico sabor acre y con el mi cuerpo endormido se despierta. Me doy cuenta que estoy sedienta, hambrienta y que solo en esta fuente, puedo calmar mis ansias. Llegamos a un gran salón. Allí me deja con delicadeza sobre una mullida alfombra. El fuego en la chimenea y los candelabros, dan el toque de intimidad a la estancia. Mi cuerpo desnudo es recorrido por manos expertas y nuestras lenguas entrelazadas, bailan a un ritmo que solo ellas conocen. Colocándose a mi espalda, me mordisquea el cuello, el lóbulo de la oreja, al tiempo que sus manos acarician tiernamente mis pechos, estirando los pezones. Estoy completamente oferta a sus deseos, dejando que las sensaciones que despierta en mí, recorran todo mi cuerpo. En esos momentos me doy cuenta de que no estamos solos. Un joven esta cómodamente sentado en el sofá, con su mano palpando su sexo y su vista clavada en el espectáculo que le ofrece mi cuerpo desnudo. Lejos de molestarme, la situación me excita y ladeando mi cabeza me entrego a un húmedo y profundo beso, dejando que mis manos bajen hasta mi sexo.

El conde se separa de mí, se sirve un whisky y se acomoda en el sofá. Yo de rodillas, llevo mis dedos mojados a la boca y despacio, los chupo golosamente. Apoyo mis manos en el suelo y gateo sensualmente hacia el joven. Separo sus piernas, acariciando sus muslos. Noto la dureza de su sexo bajo sus pantalones. Me agarra del pelo para brindarme un beso. Lo dejo hacer y curiosa exploro su boca. Consigo desabrochar su pantalón y de un tirón hago saltar los botones de su camisa, que se esparcen por la pieza. Siento su calida piel bajo mis frías manos, su respiración, sus latidos. La camisa no tarda en seguir el camino de los botones y mi lengua disfruta con cada cm de piel que recorre. Lamo sus labios, su cara, su cuello, su pecho. Mordisqueo sus pezones. Le quito las botas, los pantalones y descubro su cuerpo en todo su esplendor. Lo llevo hasta la alfombra donde nuestros cuerpos se funden en un abrazo. La excitación monta en mí, necesito más. Colocándome a horcajadas sobre él me dejo caer sobre su sexo y empiezo a cabalgarlo salvajemente. Mis uñas arañando la blanca piel de su pecho. Su respiración se acelera, los latidos de su corazón golpean con fuerza su pecho. Dejo que sus sensaciones se mezclen con las mías en una perfecta armonía. Uno sus manos a las mías y las llevo sobre su cabeza, mientras nuestros cuerpos sudorosos se pegan y alcanzamos juntos las cimas del placer. Yo por vez primera y él… él descansa en paz por la eternidad.

-Elisa, ven (perezosamente me acurruco entre los brazos de mi Señor)